Ya sé que es Buen Camino

Nunca imaginé hacer el Camino de Santiago. Ahora no me imagino por qué dejar de hacerlo.

Empiezo a escribir para tener las sensaciones frescas y vuelven las lágrimas de alegría de haber participado con muchos desconocidos hasta hoy de un camino que tarde o temprano te conmueve, ya sea por la amistad que se arma, por las historias propias, por las de los otros, por tu esfuerzo, por el cansancio, el dolor de músculos nunca usados, por la garra de algunos que hacen el camino propio y participan como si la energía sobrara a quienes evidentemente no la tienen porque la vida no los favoreció en ese sentido.

De golpe hoy, esperando el taxi para ir a tomar el tren a Pontevedra en la Puerta del hotel, que está en el comienzo del último kilómetro pude desear de nuevo un «buen camino» a una francesa mayor. Y ya sabes que no es una frasecita más.

Todos los miedos ya son pasado. Tenes una experiencia incorporada que no te la quita nadie. Compartí con quien quise hacerlo y estuve solo cuando lo necesité.

Agregué perspectiva y puntos de vista distintos al mío. Todos vamos por el mismo camino pero lo sentimos diferente. Y lo encaramos diferente. Y todos llegamos. Más tarde o más temprano. Sólo con tu mochila o ayudando a otros como hicieron mucho.

La frase «Juntos pero no amontonados» funcionó a la perfección y creo que todos respetaron los espacios de otros. Y todos terminaron contentos, señal que la locura de Juano tenia una percepción real.

Me llevo recuerdos. Historias de nuevos amigos y anécdotas a montones para los próximos 50 asados. Voy a ser monotemático un largo tiempo.

Hay gente buena todavia. Yo me crucé con por lo menos 60 en estos días.

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